Este 21 de abril se cumple un año del fallecimiento del papa Francisco, quien murió en 2025 a los 88 años tras enfrentar complicaciones derivadas de una neumonía bilateral. Su deceso marcó el fin de un pontificado que influyó de manera significativa en la Iglesia católica contemporánea y en la agenda social global.
En sus últimos años, el pontífice padeció diversos problemas de salud que deterioraron progresivamente su estado físico. Entre ellas, dolencias en la rodilla, complicaciones en la cadera, una hernia abdominal y episodios recurrentes de bronquitis, condiciones que limitaron su movilidad, aunque no le impidieron mantenerse activo en sus funciones pastorales.
Además, el estado de su salud se agravó tras el diagnóstico de neumonía bilateral, que complicó su condición general y derivó en su fallecimiento. El papa murió en la Casa de Santa Marta, residencia ubicada dentro del Vaticano que eligió como hogar durante su pontificado.
Tras su muerte, el Vaticano inició el proceso de sucesión que culminó con la elección del cardenal estadounidense Robert Francis Prevost como nuevo pontífice, quien adoptó el nombre de León XIV. Su elección marcó un hecho histórico al convertirse en el primer papa con raíces estadounidenses.
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A un año de su muerte, el legado del papa Francisco continúa vigente, especialmente por su énfasis en la inclusión, la justicia social y el acompañamiento a los sectores más vulnerables, elementos que siguen influyendo en la dirección actual de la Iglesia católica.
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