El uso o exposición constante a pantallas, en bebés o niños principalmente, genera una adicción «enmascarada»… una afectación a su salud y desequilibrios en sus comportamientos.
De ello habló esta mañana en Frente a Frente, de TCS, la doctora Michelle Fernández, especialista en Pediatría, quien expuso las condiciones que se viven con los adelantos tecnológicos y la salud de los menores de edad.
A su vez, es importante tener en claro: tenemos y encontramos dispositivos electrónicos, por todos lados, los niños de esta época han nacido en una era digital, en la que es inevitable que no haya una exposición constante a los dispositivos.
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Sin embargo, la función de los padres es clave, pues deben supervisar siempre lo que ven y hacen los hijos.
Y es que, con relación a los aparatos tecnológicos, es importante recodar que la exposición a la luz azul que reflejan las pantallas, genera cambios en la arquitectura cerebral.
Estos cambios no son solamente estructurales, sino que también en la parte de los neurotransmisores.
«La exposición constante genera un cambio y la liberación de dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que está relacionado con el placer, con las sensaciones de felicidad… por eso es que vemos los niños que se vuelven como muy adictos, se podría decir, es una adicción enmascarada», dijo la especialista en Pediatría.
Adicción a pantallas
De hecho, la Academia Americana de Pediatría, recomienda que no se expongan a pantallas a todos aquellos bebés menores de 2 años. Y, a partir de 2 dos años, una hora máxima de contenido educativo únicamente.
Pero, a partir de los 6 años de edad y hasta la adolescencia, se recomienda la exposición a pantalla, 2 horas, incluida actividades escolares.
Video/TCS.
«Esto hace que los niños estén buscando constantemente esta exposición a las pantallas, así como también al tener todo al alcance de la pantalla verdad, eso hace que los niños empiecen a tener más intolerancia, más deseo que todo se haga ya, empiezan a tener una diferencia de la realidad y de lo que ven en la pantalla porque empiezan a aburrirse con las situaciones de la vida cotidiana que requieren una situación más pausada», remarcó la doctora.
Que los padres, o cuidadores de niños, velen por estas situaciones, permitirá que los niños no presenten cuadros de depresión, de intolerancia a la frustración, agresividad, trastornos del sueño —como insomnio— que producen las pantallas.
En estos momentos, la comunicación de los papás con los niños es clave, ya que esto permitirá que entiendan y comprendan, para que no solo se queden con la acción de la restricción de pantallas.
«Lo importante es no solamente restringir, sino que también explicar y acompañar y ser un poco flexible ya en ciertas edades que ellos tienen la capacidad de comprender y de que podamos dialogar», reiteró la doctora Fernández.
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