Cada 1 de julio se celebra el Día del Pescador Salvadoreño. En el Estero de Jaltepeque, en San Luis La Herradura, La Paz, el pescador José Santos representa esa dedicación que por décadas ha marcado la vida de muchas familias.
Desde hace 40 años trabaja en la pesca artesanal. Su experiencia comenzó desde muy joven y, con el tiempo, convirtió ese oficio en parte esencial de su vida.
«Desde cipote me vine aquí, me gustó la pesca y me quedé. Entonces empecé a ir al mar con los amigos, anduve en bote, en remo. Me gustó. Así fui aprendiendo», destacó Santos.
La actividad exige más que salir a lanzar redes. Hay jornadas que duran varias horas y otras pueden extenderse hasta cinco días mar adentro. Además, cada pescador debe aprender tareas que forman parte del trabajo cotidiano.
«Para ser pescador tenemos que saber remendar. Porque de nada sirve que sea pescador uno, y no podamos remendar, porque entonces no lo es», expresó Santos.
Cuando la jornada ofrece buenos resultados, el producto llega al muelle para venderse directamente a restaurantes, comerciantes y consumidores. Sin embargo, no todos los días son iguales.
Por eso, muchos pescadores han diversificado sus ingresos con otros servicios. «Si no hay pesca, vendemos gasolina a los transportistas y algunos compañeros son comerciantes. Los restaurantes que necesitan hielo también lo hacemos», explicó Jesús Díaz.
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El trabajo del pescador continúa como una actividad que sostiene economías locales y mantiene una tradición que enfrenta cada nuevo amanecer.
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