Indonesia enfrenta una nueva oleada de incendios forestales en medio de una sequía prolongada. Casi 40,000 personas combaten las intensas llamas con apoyo de más de medio centenar de aeronaves cisterna. Desde el inicio de la temporada, las llamas ya arrasaron 73,310 hectáreas, una extensión similar a la superficie de Singapur.
Las provincias más golpeadas se concentran en el oeste del archipiélago. Kalimantan Occidental, Central y Sur, en la isla de Borneo, junto con Jambi y Sumatra Meridional, reportan los focos más activos. En Kalimantan Occidental, la calidad del aire alcanza niveles considerados peligrosos.
La Agencia Nacional para la Gestión de Desastres (BNPB) detectó 182 nuevos incendios, lo que contabiliza 659 focos activos.
Buena parte de las quemas responde a la práctica de despejar terrenos con fuego para la agricultura. La técnica es habitual en plantaciones vinculadas al aceite de palma, producto en el que Indonesia lidera la producción mundial. A esto se suman las turberas tropicales, ecosistemas que arden con lentitud y liberan mayor contaminación.
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El humo generado por los incendios cruzó las fronteras nacionales. Malasia, Singapur y Filipinas registran los efectos de la contaminación transfronteriza. En Malasia, las ciudades de Kuching y Kuala Lumpur figuran hoy entre las más contaminadas del mundo. Singapur, además, advirtió sobre el riesgo continuo de una bruma tóxica capaz de afectar el sur del sudeste asiático.
La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica prevé que la temporada seca se extienda hasta finales de septiembre.
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