Comer entre las comidas principales se ha convertido en una práctica habitual para muchas personas. Un pequeño refrigerio durante la mañana o la tarde puede formar parte de una alimentación equilibrada, pero también puede convertirse en un hábito automático cuando se come sin tener realmente hambre.
A esta práctica se le conoce como «snacking», un término que hace referencia al consumo de alimentos o bebidas entre el desayuno, almuerzo y cena.

Foto tomada de pexels.com/Imagen de carácter ilustrativo y no comercial.
La nutricionista Éricka Sánchez explica que los snacks pueden ser parte de la rutina, siempre que respondan a una necesidad y se elijan adecuadamente.
«El snacking es básicamente lo que conocemos como una merienda o un refrigerio, una comidita pequeña. ¿Cuál es el problema a veces con el snacking? Que a veces no tenemos hambre, que solo estamos picando por picar, y ahí es donde puede comenzar a hacer algo negativo para nuestra salud».
Te podría interesar: ¿Por qué aumentan los dolores de cabeza durante los días de calor?
¿Cómo puede afectar comer entre comidas?
El problema no está necesariamente en comer entre comidas, sino en la frecuencia y, principalmente, en el tipo de alimentos que se consumen.
Cuando los refrigerios están compuestos principalmente por productos ultraprocesados con altos niveles de azúcar, grasas o sodio, pueden aumentar la ingesta calórica diaria y, con el tiempo, favorecer diferentes problemas de salud.

Foto tomada de pexels.com/Imagen de carácter ilustrativo y no comercial.
El médico Nelson Masis destaca que la calidad de los alimentos es un factor importante.
«Pueden dañarnos a largo plazo, no tanto la cantidad de veces, sino la calidad de cada snack, de cada merienda que vamos a hacer. No es lo mismo que vayamos a comer una cantidad pequeña de frutos secos, que nos va a dar un aporte de nutrición beneficioso, a que nos vayamos a acabar toda la bolsa».

Foto tomada de pexels.com/Imagen de carácter ilustrativo y no comercial.
¿Por qué recurrimos al snacking?
Comer entre comidas puede responder a diferentes situaciones: hambre real, falta de una alimentación adecuada durante las comidas principales o incluso al deseo de consumir algún alimento por costumbre.
Por lo que se recomienda identificar primero si realmente existe hambre antes de elegir un refrigerio.

Foto tomada de pexels.com/Imagen de carácter ilustrativo y no comercial.
«Lo principal siempre es revisar si tengo hambre o no y qué voy a comer. Ese es el problema principal de los snacks, que usualmente cuando estamos comiendo ultraprocesados estos no tienen fibra; al no tener fibra, yo no siento que me llené y puedo seguir comiendo más», explica Sánchez.
La nutricionista agrega que una merienda también puede ser útil cuando una persona no ha logrado alimentarse adecuadamente durante el día.
«Si yo necesito hacer un snack, ¿por qué? En caso de quizás yo no desayuné bien, puedo hacer una merienda».
Antes de consumir un refrigerio, es importante prestar atención a las señales del cuerpo y preguntarse si existe hambre real.

Foto tomada de pexels.com/Imagen de carácter ilustrativo y no comercial.
También es necesario observar con qué frecuencia se come entre comidas y qué tipo de alimentos se eligen. Reconocer estos patrones permite tomar mejores decisiones y mantener una alimentación más equilibrada.
El «snacking», por sí mismo, no tiene que ser negativo; la clave está en evitar que comer entre comidas se convierta en un acto automático y procurar que los alimentos elegidos aporten nutrientes y ayuden a mantener una alimentación saludable.
*Con información de Leslie Solito, periodista de TCSN*






