De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las precipitaciones intensas pueden reducir el rendimiento de los cultivos cuando la tierra no cuenta con condiciones adecuadas de drenaje y manejo.
El ingeniero agrónomo Wladimir Bolaños explica que realizar labores previas permite disminuir riesgos durante la temporada. «Con el inicio de la lluvia hay que hacer una buena preparación de suelos. Si no se hace, podemos tener consecuencias y pérdidas en los cultivos», indica.
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La labranza es una práctica que ayuda a mejorar la estructura del terreno, facilita la siembra y aumenta la capacidad del suelo para absorber agua.
Según Bolaños, el tipo de trabajo depende de la zona donde se cultive. «En los suelos de planicie se puede hacer una labranza intensiva, mientras que en los de ladera se recomienda una labranza mínima para conservar sus características», detalla.
Zapotitán actúa con previsión
En el distrito de Zapotitán, ubicado en La Libertad Centro, agricultores afirman que cada año deben prepararse con anticipación para enfrentar el invierno.
Wilfredo Amaya, productor de la zona, explicó que una de las prácticas más comunes es la construcción de banquinas o surcos elevados para evitar la acumulación de agua.
«Cuando llega la temporada de lluvias, preparamos la tierra y formamos banquinas para que el exceso de agua no afecte a las plantas». Los productores también advierten que la irregularidad climática dificulta las cosechas, especialmente en cultivos como el maíz, donde la alternancia entre lluvias intensas y períodos secos genera estrés en las plantas y frena su desarrollo. Aunque cada invierno presenta condiciones distintas, agricultores coinciden en que la preparación temprana del terreno puede marcar la diferencia entre una cosecha exitosa o pérdidas considerables.
* Con información de Kevin Díaz, periodista de TCSN *







