Un informe de la Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima (Fundasal) reveló que los mesones siguen siendo una de las formas más comunes para vivir en el país y que las mujeres en condiciones vulnerables son quienes habitan estos espacios.
Por definición, un mesón es una casa con al menos cuatro habitaciones, alquilada por separado a diferentes familias o personas, con servicios compartidos como baños y aseos. En El Salvador se reporta que el 53.6 % de quienes habitan estas casas son mujeres.
Leonor Selva, experta en Políticas Públicas, reconoció que las condiciones precarias que viven muchas salvadoreñas conlleva a buscar habitaciones o espacios compartidos: «Si yo no tengo la certeza al final del mes cuál va a ser mi ingreso me veo obligado a mantener un estilo de vida flexible pero que implica precariedad. Las mujeres tienden a optar por mesones porque allí existe una convivencia colectiva ahí puedo compartir labores de cuido, también puedo compartir gastos de servicio, de comida».
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Selva, además, indicó que la escolaridad es un punto clave en este tema porque las mujeres son las que tienen menor acceso a educación, lo que significa que las oportunidades de trabajo con salarios bien remunerados se reducen o los empleos están estrictamente ligados al comercio informal y «son estas las personas que a su vez llenan los mesones».
Marielos Ayala vive en un mesón y junto a su pareja pagan $100 por el alquiler de un cuarto. En este espacio múltiple, uno de los problemas más grandes es el de la basura porque todos los inquilinos depositan los desechos en el mismo espacio.
Para Selva, sí es posible un cambio a las condiciones habitacionales si se impulsan alianzas comunitarias, existe apoyo institucional y se fomentan modelos de vivienda autogestionada.
*Con información de Diana Rivas, periodista de TCSN*







