En el distrito de Panchimalco, San Salvador Sur, la muerte de un ser querido toca a toda la comunidad. No importa si era un vecino cercano o alguien a quien nunca se le habló; allí, el duelo se vive y se comparte entre todos.
«En otros lugares, los velorios son con un poquito de café y nada más. Aquí no, aquí la gente es como que hace fiesta en un velorio, en el aspecto no que están alegres sino que en el aspecto que les gusta repartir comida, dar desayunos, dar almuerzos fuertes, como pollo guisado. Hay comida hasta de sobra, la gente tiene buen corazón, le gusta dar, le gusta regalar, que la gente se vaya diciendo que hubo hasta decir ya no», contó una habitante del distrito.
Video / TCS. / Reportaje elaborado por: Alex Rivas.
Solidaridad y tradición: los velorios en Panchimalco se viven con cercanía y respeto
Desde temprano, los vecinos empiezan a acercarse a los velorios con lo que pueden aportar: tamales, café caliente, pan dulce y todo lo necesario para acompañar a la familia doliente. Lejos de ser momentos de pura tristeza, estos encuentros combinan respeto y cercanía: se conversa, se recuerdan historias del fallecido, se comparten los alimentos y se acompaña a los dolientes durante toda la noche.
«Yo tengo 86 años de conocer eso. Toda la vida lo han hecho así… en todos los cantones de Panchimalco empiezan a llegar con las candelas, con las flores, bolsas de víveres, azúcar, arroz, así va llegando toda la gente», comentó Lucía Pérez, residente del sector.
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Despedidas dignas y acompañadas
No se trata de una fiesta, pero tampoco un abandono, es una despedida digna y acompañada.
«Mis familiares van a esas velas solo porque se dieron cuenta que alguien se murió del pueblo, van a la vela y que llegue el montón de gente es alegría para las personas, aunque no las conozcan. Como que también otra costumbre es que ir a los velorios hace que cuando usted muera también vaya toda esa gente, no esté sola su vela, ni su entierro», aseguró una habitante.
En Panchimalco, la verdadera riqueza no se cuenta en dinero, sino en las manos que se ofrecen para ayudar: una tradición que muestra cómo la comunidad se une para hacer más llevadero el adiós.








