En el Centro Escolar El Congo, en Santa Ana Este, el regreso a clases comenzó con una historia que inspira a toda la comunidad educativa. Catalina Mendoza, de 94 años, decidió iniciar su educación formal, mientras su hija Teresa Tobar, de 71, continúa su formación en octavo grado. Madre e hija comparten ahora el mismo espacio de aprendizaje y demuestran que la edad no es un límite cuando existe voluntad de salir adelante. Su presencia en las aulas refleja constancia, valentía y un profundo deseo de superación personal.
«Todos estamos aprendiendo, no hay que tener pena o vergüenza de estar estudiando uno ya grande. Se siente un poquito de vergüenza, pero al rato ya pasó la vergüenza», comentó Catalina, quien estudia primer grado.
La decisión surgió de un anhelo que ambas habían postergado durante años. Teresa recuerdó con emoción el instante en el que animó a su madre a dar el paso y cumplir ese sueño pendiente.
«Cuando yo me despedía de ella que me venía a la escuela y ella me decía: «yo ni siquiera tuve la dicha de conocer una escuela por dentro, no sé cómo se ve una escuela por dentro». Y eso me llegó al corazón y le dije yo: «mami, usted todavía está a tiempo de hacer su sueño realidad, ya que yo voy a la escuela vámonos juntas, la voy a ir a matricular la otra semana y vamos», recordó Teresa.
Video / TCS. / Reportaje elaborado por: Maziel Méndez.
Catalina y Teresa, ejemplos de superación en el aula
Sus historias confirman que el aprendizaje no tiene fecha de vencimiento.
«Como centro escolar pues nos sentimos muy orgullosos de tener a estas dos personas que no se han dado como derrotadas, porque cualquier adulto mayor puede decir: ya lo logré todo, no quiero más y quedarse en casa descansando, pero en esta ocasión no, ellas han vencido esta barrera y han decidido seguir sus estudios», afirmó Daniel Monroy, director de la institución educativa.
El ejemplo de madre e hija anima a otros estudiantes a atreverse a seguir estudiando.



Fotografías: Maziel Méndez.
«Viendo el ejemplo de la compañera a nosotros nos motiva verla a ella que es bien activa aquí con nosotros en la clase, es la primera que está a veces y entonces nos motiva a nosotros a poder seguir», destacó Jaime Olmedo, compañero de clase.
Cuando termina la jornada escolar, madre e hija llevan el aprendizaje a casa, compartiendo charlas, risas y canciones, y dejando claro que nunca es tarde para perseguir nuevas metas.







