Las altas temperaturas y los recorridos prolongados pueden afectar directamente las llantas de su vehículo. Aunque no siempre es visible, el calor del pavimento y la fricción al conducir incrementan la presión interna del neumático y pueden comprometer su resistencia.
El impacto del calor en las llantas es constante. De acuerdo con especialistas, el pavimento puede superar los 50 grados Celsius, lo que eleva la temperatura del caucho mientras el vehículo está en movimiento. Esto provoca un aumento en la presión interna.
Video/TCS
Por cada cinco o seis grados que sube la temperatura, la presión dentro de la llanta puede incrementarse. Aunque parece poco, al acumularse durante trayectos largos puede generar riesgos.
El técnico en mecánica automotriz, Alexis Álvarez, explica que estas condiciones pueden afectar la seguridad en carretera. “Esto puede provocar pérdida de tracción o, en el peor de los casos, que la llanta explote cuando el vehículo está en movimiento, lo que puede derivar en un percance bastante grave”.
Además, señala que el desgaste, las reparaciones previas o una presión irregular influyen en el desempeño del vehículo. A velocidades entre 85 y 90 km/h, vibraciones o inestabilidad pueden ser señales de alerta relacionadas con las llantas.
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El calor y su efecto en el caucho
El experto en seguridad y movilidad vial, Fidel Medrano, advierte que las altas temperaturas deterioran el material del neumático.
“El calor cristaliza el caucho. Cuando esto ocurre, al momento de frenar, la llanta pierde adherencia y tiende a deslizarse”.
También destaca que a mayor temperatura, mayor presión interna, lo que incrementa la probabilidad de daños o fallas.

Foto: Cortesía
Ante este panorama, los especialistas recomiendan tomar medidas preventivas antes de salir a carretera:
- Verificar el estado del caucho y que no presente desgaste excesivo.
- Revisar que las llantas no estén ni sobreinfladas ni con baja presión.
- Inspeccionar posibles rajaduras, ponchaduras o reparaciones anteriores.
También es importante medir la presión de las llantas cuando estén frías. Es decir, antes de recorrer largas distancias o después de haber manejado menos de 5 kilómetros.







