Las transmisiones en vivo duran apenas unos minutos. Detrás de ellas hay noches sin dormir, vuelos retrasados, carreras contra el reloj y la presión de informar desde el evento deportivo más importante del planeta. Esa fue la realidad que vivió Carlos Iraheta, enviado especial de Telecorporación Salvadoreña (TCS) durante la cobertura del Mundial 2026, una experiencia que define como la más desafiante y enriquecedora de su carrera.
El periodista deportivo recordó que cada salida al aire significaba representar no solo a su empresa, sino también a los miles de salvadoreños que seguían cada detalle del torneo desde sus hogares. «La satisfacción que me queda es haber cumplido», resumió al hacer un balance de la cobertura.
El momento más emotivo del Mundial para Carlos Iraheta
Minutos antes de la gran final, la emoción de estar nuevamente en el partido más importante del fútbol mundial se mezcló con la preocupación por su esposa, quien atravesaba problemas de salud durante su embarazo mientras él permanecía a miles de kilómetros de distancia.
«Comencé a llorar por agradecimiento a Dios», recordó. No fue un llanto provocado por el resultado del partido, sino por la oportunidad de vivir otra final mundialista y por la ilusión de regresar para reencontrarse con su familia.
«Mi esposa estaba pasando por una fuerte gripa, dolor de huesos, fiebre y el estar lejos de ellas, también era algo que provocó esos sentimientos», relató.

La cobertura que nunca aparece en televisión
Los vuelos comenzaban antes del amanecer, las horas de sueño eran mínimas y los cambios de ciudad eran constantes. En una de las jornadas más complicadas, una serie de retrasos aéreos les impidió llegar al estadio para cubrir un partido en Los Ángeles, convirtiéndose en el mayor contratiempo de toda la Copa del Mundo.
Aun así, asegura que el mayor reto era que el cansancio jamás se reflejara frente a las cámaras. «La gente no tenía que darse cuenta de todo lo que pasaba detrás», explicó.
«No pudimos realizar una cobertura en Los Ángeles, teníamos programados unos espacios con las marcas, pero no se pudo y son situaciones que no están en nuestras manos, pero son parte de estos eventos», añadió.

Historias que solo regala un Mundial
Las calles de Miami se transformaron en una fiesta gracias a la afición argentina, mientras que en Boston ocurrió una escena poco habitual: miles de aficionados escoceses agotaron las existencias de cerveza en distintos establecimientos de la ciudad.
Dentro de los estadios, el periodista quedó impresionado por la magnitud de los recintos de Dallas y Atlanta, dos escenarios que considera referentes por su infraestructura, capacidad y tecnología.
«El estadio de Dallas es imponente, la pantalla es enorme, el de Atlanta por la forma del techo es algo impresionante», describió.

Noruega sorprendió; Alemania volvió a quedar en deuda
En el análisis futbolístico, Noruega fue la selección que más lo sorprendió por su inesperada actuación hasta los cuartos de final.
En contraste, Alemania volvió a decepcionarlo al no cumplir con las expectativas pese a la calidad de su plantilla. Sobre España, destacó que el título fue consecuencia de un equipo ordenado, sólido en defensa y fiel a su estilo de posesión, características que terminaron marcando el rumbo del campeonato.

Un periodista diferente al que llegó al Mundial
La cuarta Copa del Mundo también significó una evolución profesional, compartir la cobertura con Diego Gálvez le permitió enriquecer el análisis táctico de los partidos y observar el fútbol desde una perspectiva distinta. Las conversaciones camino a los estadios, el intercambio de ideas y el aprendizaje constante se convirtieron en una de las mayores ganancias del viaje.
«Uno regresa con muchas ideas para mejorar», afirmó.

El próximo sueño ya tiene destino
De regreso en El Salvador, Carlos Iraheta asegura que el Mundial 2026 confirmó que el esfuerzo siempre vale la pena cuando existe pasión por el fútbol.
Más allá de las horas de trabajo, el cansancio y la distancia con la familia, sostiene que representar al país en una Copa del Mundo es un privilegio que asume con gratitud y que espera volver a vivir en la próxima edición del torneo.
«Primero es Dios, luego la empresa y después mis ganas de seguir estando ahí», concluyó.

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