El confeti, la anilina y los cascarones colorean las viviendas del distrito de Olocuilta, en La Paz Oeste, durante la tradicional celebración del Festival de Cascarones de Huevos.
Esta costumbre familiar se mantiene viva de generación en generación. Carlos Cruz, que aprendió la tradición de su abuela, aprovecha su trabajo como panadero para recolectar los cascarones y teñirlos con anilina.
«Todos nosotros le ayudábamos a ella a pintar y a hacer y ya nos íbamos para abajo a las fiestas a venderlos», declaró Cruz.
También señaló que los cascarones pueden rellenarse de dos maneras: con papel picado o con harina.
Video / TCS. / Reportaje elaborado por: Raquel Castaneda.
Te podría interesar: Playa de las Tortugas, el tesoro escondido del lago de Ilopango
Los orígenes del Festival de Cascarones de Huevo
La celebración del Festival de Cascarones de Huevos no solo destaca por su colorido y diversión, sino también por su significado religioso. Según los creyentes, cada huevo simboliza la vida, y el acto de romperlo representa un deseo de bendición y protección para quienes participan en la tradición.
«La tradición viene porque el huevo es símbolo de vida… es algo de lo que se genera una vida y cuando se abre que te lo revientan es que te quieren desear vida, pero es una vida que viene del Señor, una vida que viene de Dios», explicó el sacerdote Felipe López.
Como parte de la festividad, los vecinos del barrio El Calvario cargan en procesión la imagen de «Jesús Sentado», que se encuentra con la de «Jesús a Gatas», proveniente del barrio San José.



Fotografías: Raquel Castaneda.
«Es una tradición que viene de más de 100 años, porque nos consta en la historia que más o menos como en 1925 por ahí, una familia de Guatemala dejó depositada acá en Olocuilta esa imagen y, desde entonces, se le rinde esa devoción a esta imagen, que es la que viene en la procesión la que la familia dejó. Después con el tiempo se mandó a hacer la imagen siempre del Señor de la Caridad, solo que como sentado», agregó López.
Al finalizar la procesión, niños y adultos se divierten rompiendo cascarones rellenos de confeti o harina, manteniendo viva esta tradición de fe y cultura.








