El 43.1 % de las Micro y Pequeñas Empresas (MYPE) en El Salvador utiliza su vivienda para desarrollar sus actividades comerciales, una modalidad que permite reducir gastos operativos, pero que también puede limitar la expansión de los negocios por la falta de espacio, de acuerdo con datos del Observatorio MYPE.
La situación es más frecuente entre las mujeres emprendedoras: el 50.4 % trabaja desde su vivienda, frente al 32.2 % de los hombres.
Uno de estos casos es el de Rosario de Santamaría, quien hace 25 años encontró en el emprendimiento una alternativa para generar ingresos mientras cuidaba a sus hijos. Comenzó pintando cuadros y posteriormente incorporó muñecas de tela y otros productos a su oferta.
«Una amiga me dijo: ‘Mira, ¿no crees que me puedes hacer estas muñequitas?’. Entonces, me encantó empezar a hacer muñecas de tela. Eso me daba tiempo de cuidar a mis hijos durante el día, acompañarlos en sus actividades y organizar mi horario para seguir trabajando», relató la emprendedora y diseñadora gráfica.
Su experiencia refleja una realidad compartida por numerosos negocios que funcionan desde casa. Sin embargo, esta alternativa también presenta dificultades cuando los emprendimientos necesitan ampliar su producción, almacenar mercancía o habilitar áreas independientes para sus operaciones.
Falta de espacio y dificultades de financiamiento
Según el Observatorio MYPE, el 48.8 % de las micro y pequeñas empresas que trabajan desde sus viviendas considera que esta condición limita su crecimiento y sus posibilidades de contratar personal.
A esto se suman las dificultades para acceder a financiamiento destinado a mejorar los espacios de trabajo. El 38.1 % de las MYPE que necesitaron recursos para realizar mejoras en sus viviendas optó por no solicitarlos.
Ana Perla, máster en Negocios de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), explicó que parte de las dificultades está relacionada con las condiciones de los productos financieros disponibles y los costos que implica adecuar los espacios para operar.
Perla señaló que el acceso al financiamiento suele estar vinculado a la adquisición de activos, mientras que la remodelación de viviendas para desarrollar actividades comerciales puede representar una inversión difícil de asumir para los microempresarios.
Más de la mitad de las MYPE está fuera del sistema financiero
El acceso al crédito representa otro desafío para este sector. De acuerdo con los datos presentados, 52 de cada 100 micro y pequeñas empresas se encuentran fuera del sistema financiero formal.
Perla explicó que entre las barreras figuran los requisitos de formalización que deben cumplir los negocios para acceder a determinados productos financieros.
Ante este panorama, la especialista destacó la importancia de crear alternativas de financiamiento que respondan a las condiciones de las empresas del sector informal y les permitan acceder a recursos para fortalecer sus operaciones.
Para Rosario de Santamaría, contar con un espacio independiente para su negocio habría sido una oportunidad para impulsar su emprendimiento de muñecas de tela. Sin embargo, el temor a no recuperar la inversión la llevó a no dar ese paso.
«A mí me hubiera encantado tener mi negocio, sobre todo de muñecas de tela, pero me dio temor. ¿Y si te decides y no te va bien? ¿Y si gastas y no sacas la inversión?», expresó.
Ante estas limitaciones, la propuesta es impulsar productos financieros diseñados para las necesidades de las micro y pequeñas empresas, que permitan remodelar viviendas, adecuar áreas de producción y habilitar espacios independientes para sus negocios.
El objetivo es que los emprendedores puedan mejorar sus condiciones de trabajo, ampliar sus operaciones y generar nuevas oportunidades de empleo sin que la falta de espacio o las dificultades para obtener financiamiento se conviertan en obstáculos para el crecimiento de sus empresas.
*Con reportes de Diana Rivas, periodista de EN6*






