El 32.7 % de los adultos mayores en El Salvador continúa formando parte de la población económicamente activa después de los 60 años, según datos del Banco Central de Reserva (BCR).
La falta de ingresos por pensiones lleva a muchos a mantenerse laboralmente activos para cubrir gastos de alimentación, medicamentos y otras necesidades.
Uno de esos casos es el de Guadalupe Maldonado, quien a sus 60 años continúa trabajando en la venta de ropa.
Aunque los problemas de salud, entre ellos la neuropatía y los constantes dolores de cabeza, han dificultado su actividad, busca la manera de generar ingresos para sostenerse.
«Siempre me he ayudado así, vendiendo. Así he salido adelante y también he sacado adelante a mis hijos, pero la verdad es que la enfermedad no me deja, porque tengo neuropatía y dolores de cabeza que me afectan bastante», explicó.
Una situación similar enfrenta Laura Molina, quien se dedica al cuidado de adultos mayores para obtener ingresos. Por este trabajo recibe 10 dólares al día, una cantidad que destina a cubrir sus gastos personales y necesidades básicas.
«Llego a las nueve de la mañana y regreso al mediodía. A veces se me dificulta movilizarme en transporte público, especialmente por las gradas», afirmó.
De acuerdo con las estadísticas del BCR, aunque el 32.7 % de los adultos mayores permanece económicamente activo, solamente el 5 % de quienes trabajan recibe ingresos provenientes de una pensión.
Esta realidad evidencia las dificultades que enfrenta este sector de la población para garantizar su estabilidad económica durante la vejez.
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Adultos mayores recurren a actividades informales
Ante la falta de una pensión, muchos recurren a actividades informales, como ventas ambulantes, elaboración de productos y pequeños trabajos, con el objetivo de obtener recursos para subsistir.
Karla López, directora administrativa de la Fundación Salvadoreña de la Tercera Edad (FUSATE), explicó que una de las principales causas de esta situación es la falta de cotizaciones durante la vida laboral.
«Al no haber cotizado o haber laborado de una manera formal, esto implica que hoy, en su edad avanzada, no tengan los recursos ni los medios para poder subsistir», dijo López.
La participación económica también refleja diferencias de género y territoriales. En las zonas urbanas, las mujeres adultas mayores tienen una presencia importante en las actividades de comercio informal, mientras que en las zonas rurales algunos hombres continúan dedicándose a labores agrícolas, principalmente al cultivo de maíz, para obtener ingresos destinados a sus gastos personales.
En cuanto a la distribución territorial, Santa Ana registra la mayor participación económica de adultos mayores con un 36.1 %. Le siguen Sonsonate con el 35.3 %, y Ahuachapán con 35.2 %.
Estas cifras reflejan que, para una parte importante de los adultos mayores en El Salvador, llegar a la edad de jubilación no significa dejar de trabajar, sino continuar buscando oportunidades para garantizar su sustento, incluso cuando las condiciones de salud y las limitaciones físicas representan un desafío.
*Con información de Diana Rivas, periodista de EN6*






