La música puede convertirse en una aliada durante el estudio, no solo por su efecto relajante, sino también por su impacto en el rendimiento académico y el estado de ánimo. Especialistas señalan que estimula funciones clave del cerebro.
La psicóloga Lissette González explica que, al estudiar con música, «se activa la atención, la concentración y la memoria laboral; ejecutamos campos cerebrales que se ponen a laborar más activamente en nuestro sistema nervioso y también animan a que el estado de ánimo de la persona se active».
Desde las aulas, la docente Soledad Figueroa asegura que esta estrategia también transforma la experiencia educativa. «Lo utilizo con el fin de que los niños tengan nuevas experiencias en cuanto a su educación… necesitamos nuevas metodologías que impulsen un mejor desarrollo», afirma.
¿QUÉ TIPO DE MÚSICA SE PUEDE ESCUCHAR?
El tipo de música es un factor determinante. Puede elegirse según la materia o el objetivo de estudio. González recomienda piezas instrumentales, especialmente para favorecer la concentración. «Si vamos a estudiar matemáticas… puedo poner música de Mozart. Si voy a estudiar lenguaje o ciencias… puedo usar música de Chopin o Vivaldi».
Por su parte, Figueroa opta por relacionar las canciones con el contenido que se aborda en clase. «Trato de asociar canciones que vayan acorde al tema. Por ejemplo, si vamos a ver migración, ya vengo con canciones preparadas».
¿CÓMO ESTUDIAR DE LA MANERA CORRECTA?
Aunque sus efectos pueden variar según cada persona, esta técnica puede aplicarse en distintas edades. «Yo sí lo he implementado con todas las edades… desde primer grado hasta sexto grado», afirma Figueroa.
Para obtener mejores resultados, la psicóloga Lissette González recomienda regular los tiempos. En niños, sugiere pausar o cambiar la música cada 10 minutos; mientras que en adolescentes y adultos, el intervalo puede extenderse hasta 20 minutos.
*Con información de Sofía Recinos, periodista de TCSN*








