Los videojuegos modernos no son solo juegos. Son redes sociales, chats grupales y aventuras compartidas, todo en uno. Los niños pasan su tiempo libre construyendo ciudades en Minecraft, compitiendo con amigos o formando equipo con jugadores de eSports que nunca han conocido en persona.
Sin embargo, ESET, compañía dedicada a la detección proactiva de amenazas digitales, advierte que las mismas características que hacen que los videojuegos sean sociales y emocionantes también pueden exponer a los jugadores al ciberacoso, el hostigamiento y la manipulación.
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Cuatro señales de alerta de ciberacoso:
1. Insultos constantes disfrazados de “cultura de los videojuegos”: las bromas y el intercambio de insultos son comunes en los juegos en línea. Pero cuando a un niño lo llaman repetidamente «novato» o lo culpan de cada derrota, ya no se trata solo de simples burlas.
2. Cambios de humor después de jugar: El juego termina. ¿El niño parece tenso, enojado, inusualmente callado o molesto? ¿Pierde repentinamente el interés en un juego que antes disfrutaba? Los cambios emocionales suelen ser la primera señal visible de que algo no va bien durante el juego.
3. Solicitudes para trasladar la conversación a otro lugar: una táctica común de los ciberacosadores es pedirle al niño que continúe chateando en Discord, WhatsApp u otra plataforma. Debido a que cuando las conversaciones se dispersan en múltiples plataformas, a los tutores les resulta más difícil supervisarlas, las herramientas de moderación y denuncia pueden no ser efectivas, y la interacción puede pasar rápidamente de temas relacionados con el juego a temas personales. En casos más graves, esto puede ser el primer paso hacia la manipulación, el acoso o incluso el abuso sexual infantil.
4. Secreto y evasión: si un niño esconde repentinamente la pantalla cuando se ingresa a la habitación, juega solo con los auriculares puestos, se niega a hablar del juego o se pone a la defensiva cuando se le pregunta sobre videojuegos, es posible que esté experimentando interacciones negativas y que no sepa cómo manejarlas.
Consejos que los padres pueden poner en práctica
– Hacer que los videojuegos formen parte de la conversación diaria: en lugar de preguntar solo sobre el tiempo frente a la pantalla, preguntar: ¿Con quién jugaste hoy? ¿Disfrutaste del juego? ¿Sucedió algo molesto o injusto?
– Establecer una regla de privacidad sencilla: los niños nunca deben compartir su dirección, escuela, ubicación, contraseñas ni datos de inicio de sesión. También deben tener mucho cuidado al compartir su nombre real, fotos o videos.
– Animarlos a tener el control: enseñarles a cómo silenciar el chat de voz o texto, bloquear a un jugador y denunciar comportamientos abusivos.
– Guardar pruebas antes de bloquear: si se produce acoso, animarlos a que haga capturas de pantalla o grabaciones de pantalla y guarden el historial de chat. De esta forma, se podrá denunciar al jugador o jugadores abusivos mediante las funciones del juego.
– Ayudar a los niños a encontrar el entorno de juego adecuado: jugar con amigos, hermanos o en comunidades moderadas reduce drásticamente el riesgo.







