América Latina y el Caribe registró en 2025 su nivel más bajo de pobreza, impulsada principalmente por el aumento de los ingresos laborales.
No obstante, el Banco Mundial advierte que mantener esta tendencia dependerá de la creación de empleos más productivos y mejor remunerados.
Según los datos citados por el organismo, los ingresos provenientes del trabajo contribuyeron al 76 % de la reducción de la pobreza en la región.
Este resultado refleja la importancia del empleo como principal fuente de recursos para millones de familias, aunque la mejora todavía no garantiza estabilidad económica para todos los hogares.
El economista Rafael Lemus señaló que, pese a los avances, una parte importante de la población continúa expuesta al riesgo de caer nuevamente en pobreza ante una reducción de sus ingresos.
«Si bien estamos en el momento más bajo de la trayectoria de pobreza, todavía uno de cada tres es vulnerable a perder ingresos y a caer en pobreza», explicó Lemus, quien relacionó esta situación con los bajos niveles educativos y la elevada informalidad laboral.
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La informalidad limita los avances
La dependencia de los ingresos laborales es especialmente significativa entre los hogares de menores recursos, donde el trabajo representa entre el 60 % y el 80 % de los ingresos que reciben.
Sin embargo, las condiciones laborales siguen siendo un desafío. De acuerdo con las cifras citadas en el informe, el 83,4 % de las personas pobres que tienen empleo trabaja en el sector informal, una condición que puede dificultar la estabilidad de sus ingresos y el acceso a la protección social.
Para Lemus, otro de los retos de la región es aprovechar las oportunidades que ofrecen los avances tecnológicos y la inteligencia artificial.
A su juicio, América Latina continúa dependiendo en gran medida de la exportación de materias primas, lo que limita sus posibilidades de impulsar un crecimiento más equilibrado.
Educación y habilidades para generar mejores empleos
Por su parte, el economista Otto Rodríguez destacó la importancia de invertir en educación y formación técnica para fortalecer la capacidad de los países de atraer inversión extranjera, generar empleo y reducir la pobreza a largo plazo.
Rodríguez sostuvo que las economías con mayores posibilidades de crecimiento serán aquellas que prioricen la educación, debido a que las inversiones requieren trabajadores con más conocimientos, destrezas y habilidades técnicas.
En este contexto, ambos coinciden en que el desafío para América Latina y el Caribe no consiste únicamente en incorporar a más jóvenes al mercado laboral, sino en prepararlos para responder a las exigencias de una economía cada vez más tecnológica y especializada.
Aunque la reducción de la pobreza representa un avance para la región, la sostenibilidad de estos resultados dependerá de la capacidad de los países para ampliar las oportunidades de empleo formal, mejorar los salarios y fortalecer la educación.
*Con reportes de Lissette Santamaría, periodista de EN6*






