La destrucción por el potente terremoto de hace 40 años dejó duras lecciones en El Salvador. Y es que puso en evidencia la vulnerabilidad de numerosas edificaciones y obligó a fortalecer los procesos relacionados con la seguridad estructural de las construcciones. El ingeniero civil Carlos Pastrana explica cómo se han ido implementando estos cambios. «Poco a poco el país, obviamente estamos hablando de los últimos 40 años, ha venido mejorándose el control de calidad, los procesos constructivos, en fin, muchas cosas», explica.
Y es que el sismo de magnitud 5.7 grados del 10 de octubre de 1986, fue relativamente moderado, pero muy destructor en el ámbito urbano. Se estima que el 80% del centro de San Salvador sufrió destrucción severa. Al menos 150,000 edificaciones de diverso tipo y decenas de miles de casas quedaron destruidas o sufrieron algún daño. Hubo más de 3,183 edificaciones gravemente afectadas y más de 111 quedaron con bandera roja para su demolición inmediata.

Lecciones aprendidas 40 años después del terremoto
Ahora, cuatro décadas después, además de los materiales, el diseño de las construcciones debe considerar las fuerzas que puede generar un movimiento sísmico. En estructuras metálicas, por ejemplo, existen sistemas como los marcos espaciales y los marcos arriostrados, utilizados principalmente en construcciones de acero y madera para resistir cargas laterales provocadas por eventos sísmicos o ráfagas de viento.

«Uno puede observar en una estructura metálica, por ejemplo, también marcos espaciales. Cuando uno ve que tienen algunas diagonales, elementos en diagonales, entonces uno puede ir observando que se está cumpliendo por lo menos un diseño estructural que está incorporando elementos antisísmicos», señala el especialista.
El terreno también importa
Otro cambio está relacionado con los estudios previos a una construcción. El tipo de suelo, la topografía, las pendientes, los taludes y las condiciones de las edificaciones cercanas son factores que deben evaluarse. Al respecto, el arquitecto Víctor Rivas explica que es necesario «avisar qué tipo de suelo es el que va a construir, de qué está conformado el terreno. Puede ser arena, puede ser arcilla, puede ser tierra, tierra negra».

También deben analizarse las características del entorno. «Las condiciones propias de la topografía, es decir, si está en una pendiente o si tiene un talud cercano. Otro de los aspectos a evaluar son las mismas condiciones del entorno, es decir, si no hay un edificio dañado o que en un sismo pudiese caer».
Normas para reducir riesgos sísmicos
A estos cambios se suman las normativas y requisitos para autorizar las construcciones. «Hay normativas también en el código sísmico y para los permisos que las mismas instituciones brindan hay que establecer todas estas condiciones para poder garantizar la seguridad de las personas», explica Rivas.

A 40 años del terremoto de 1986, la preparación comienza mucho antes de que ocurra un nuevo movimiento: desde el estudio del terreno hasta el diseño, la construcción y el cumplimiento de las normas de seguridad.
Con información de Irvin Alvarado y Sofía Recinos, periodistas de TCS Noticias
Te podría interesar: San Salvador antes y después del terremoto de octubre 1986

