Saber diferenciar entre intolerancia a la lactosa y alergia a la leche es fundamental. Según especialistas, confundir estos términos puede provocar problemas importantes de salud y nutrición, especialmente en los niños, etapa en la que la leche suele ser uno de los alimentos base para su crecimiento.
Aunque ambas condiciones se relacionan con el consumo de leche, su origen, síntomas y tratamiento son completamente distintos.
El nutricionista Jorge Henríquez explica que la intolerancia a la lactosa ocurre cuando el cuerpo produce poca o ninguna cantidad de lactasa, la enzima encargada de descomponer la lactosa, que es el azúcar natural de la leche.
«Cuando la persona tiene muy poca o nula cantidad de lactasa, la lactosa pasa al intestino y las bacterias la consumen, generando gases», detalla el especialista, es decir, se trata de un problema digestivo, no del sistema inmunológico.
Por su parte, la pediatra Vanessa Artiga aclara que, en este caso, el problema no es el azúcar de la leche, sino su proteína, específicamente la caseína.
«Cuando hablamos de alergia a la proteína de la leche de vaca, nos referimos a que el sistema inmunológico reacciona ante esa proteína. Por eso, los productos sin lactosa no son una opción, porque siguen teniendo trazas de esta proteína», explicó.
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Principales síntomas de la intolerancia a la lactosa y alergia a la leche
Esta condición suele manifestarse desde edades muy tempranas y la diferencia más evidente entre ambas está en los síntomas.
Intolerancia a la lactosa (digestivo):
• Dolor abdominal
• Gases
• Diarrea
• Inflamación estomacal
Alergia a la leche (inmunológico):
• Erupciones en la piel
• Vómitos
• Hinchazón
• Picazón en garganta y lengua
• Dificultad para respirar (en casos graves)
«Estas reacciones pueden ir desde leves hasta muy graves, incluso con sensación de asfixia o asma», advierte Henríquez.
¿Qué recomiendan los expertos?
En ambos casos, los especialistas enfatizan la importancia de un diagnóstico médico oportuno y de buscar alternativas nutricionales que permitan al niño recibir los nutrientes necesarios para su crecimiento.
En el caso de la intolerancia a la lactosa, la solución suele ser más sencilla, ya que se pueden consumir productos lácteos libres de lactosa.
Sin embargo, cuando se trata de alergia a la proteína de la leche, es necesario evitar completamente estos alimentos y seguir estrictamente las indicaciones del pediatra o gastroenterólogo.
«Dependiendo de la respuesta inmunológica del niño, en algunos casos se pueden ir introduciendo los lácteos cocidos poco a poco, siempre bajo supervisión médica», agregó Artiga.
Ante cualquier sospecha de reacción a la leche, los expertos instan a no automedicar ni retirar alimentos sin orientación profesional.
Consultar a un especialista permitirá un diagnóstico adecuado y garantizará un sano crecimiento y desarrollo en los niños.
*Con información de Damaris Gómez, periodista de TCSN*








