La actividad física es fundamental en todas las etapas de la vida, pero después de los 60 años cobra un valor especial, ya que mejora la movilidad, fortalece la independencia y aporta beneficios emocionales.
La geriatra Ana Elsy Bondanza explica que el ejercicio no solo impacta el cuerpo, sino también la salud mental. «Si tenía signos de depresión, al hacer ejercicio va a reducir que esa depresión progrese; si tenía insomnio, ese ejercicio va a hacer que ese insomnio se controle un poco más», además de estimular el apetito y permitir un mejor aporte nutricional.
Los especialistas recomiendan rutinas sencillas, adaptadas a la condición de cada persona y realizadas al menos tres veces por semana.
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La fisioterapeuta Vanessa Alfaro detalla que «esos ejercicios van a ser lentos y también podemos irlos combinando con respiración», incluyendo movimientos básicos como flexiones de cuello y brazos, que incluso pueden realizarse con apoyo, como un palito o tubo de PVC, según el diagnóstico del paciente.
Antes de iniciar cualquier rutina, los expertos subrayan la importancia de una evaluación médica previa. Bondanza enfatiza que «tenemos que evaluar a este paciente en una evaluación geriátrica y gerontológica, porque no todos los adultos mayores envejecen igual».
Por lo que incorporar el ejercicio como hábito resulta esencial en la vejez, ya que contribuye a mejorar el equilibrio, fortalecer la autonomía y promover el bienestar emocional.
*Con información de Sofía Recinos, periodista de TCSN*









