El polvo del Sahara cubrió este miércoles la isla de Creta y varias regiones de Grecia, dejando los cielos en tonos naranja y rojo, y generando afectaciones directas en el transporte aéreo y marítimo.
El fenómeno llegó acompañado de ráfagas intensas que arrastraron partículas desde el norte de África hasta el Mediterráneo. En Creta, la visibilidad cayó a mil metros, lo que obligó a desviar vuelos internacionales y a suspender operaciones en el aeropuerto principal de Heraklion.
Entre los vuelos afectados, uno de British Airways procedente de Londres fue redirigido a Corfú, y otro de SKY Express con origen en Bruselas aterrizó en Atenas. El aeropuerto Nikos Kazantzakis operó con retrasos sostenidos durante la jornada.
Vientos, oleaje y daños en infraestructura
El impacto del fenómeno no se limitó al tráfico aéreo. Los vientos alcanzaron 120 kilómetros por hora y generaron olas de más de seis metros. En la zona costera de Pachia Ammos, un tornado volcó un camión; en otras áreas se reportaron árboles caídos, daños en invernaderos y el colapso parcial de un muro en una fábrica.
En ciudades como Heraklion, la alta concentración de partículas redujo la calidad del aire a niveles peligrosos, superando los 1.000 microgramos por metro cúbico —umbral muy por encima de los estándares de seguridad establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
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La tormenta Erminio, que impulsó el fenómeno, también alcanzó Santorini, donde los característicos edificios blancos quedaron cubiertos por una capa de polvo naranja. En otras regiones se registraron lluvias, tormentas eléctricas y granizo, mientras varias escuelas suspendieron las clases presenciales y migraron a modalidad remota







