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martes, 24 marzo, 2026
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Monseñor Romero y los papas: Martirio y camino a la santidad

La relación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero con los Papas de la iglesia fue compleja, antes y después su martirio hace 46 años, pero culminó con su canonización

Hace 46 años, el asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero conmocionó al mundo. Y es que fue el primer arzobispo nombrado por un papa al que mataron mientras oficiaba misa. Pero en aquel momento, el Vaticano no hablaba de martirio. Eso sería una muestra de la compleja relación que monseñor Romero tuvo con cuatro Papas de la iglesia católica durante su breve e intenso arzobispado y después de su muerte aquel 24 de marzo de 1980.

El papa Paulo VI lo nombró arzobispo

Paulo VI fue el primer Papa con el que se relacionó monseñor Romero. Fue quien lo nombró arzobispo de San Salvador el 23 de febrero de 1977. Romero, entonces de 59 años, era una figura conservadora, que venía de ser obispo de la Diócesis de Santiago de María, Usulután.

Papa Paulo VI y monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador

En 1978, el nuevo arzobispo se reunió con Paulo VI. En su diario pastoral, Romero escribió que el sumo pontífice le dijo:  «Comprendo su difícil trabajo. Es un trabajo que puede ser no comprendido, necesita tener mucha paciencia y mucha fortaleza. Ya sé que no todos piensan como usted, es difícil en las circunstancias de su país tener esa unanimidad de pensamiento, sin embargo, proceda con ánimo, con paciencia, con fuerza, con esperanza».

El papa Paulo VI, italiano, murió el 6 de agosto de 1978 tras 15 años de pontificado. Tenía 81 años. Le sucedió Juan Pablo I. Pero su pontificado fue breve, solo duró 33 días y falleció a sus 65 años. Fue el último Papa italiano.

La relación con el papa Juan Pablo II

El cardenal polaco Karol Wojtyla fue electo Papa el 16 de octubre de 1978. Adoptó el nombre de Juan Pablo II. Wojtyla era un férreo luchador anticomunista desde su natal Polonia, que estaba bajo la influencia de la Unión Soviética en plena guerra fría.

La relación de Juan Pablo II con Romero fue difícil. En su enfoque anticomunista, el Papa llegó a recriminar al arzobispo de San Salvador una supuesta actitud «blanda» con la izquierda. Incluso, según informes de la curia, lo llamó «obispo rojo». El papa polaco no atendió plenamente las denuncias de monseñor sobre la represión en El Salvador.

Papa Juan Pablo II y monseñor Romero en la plaza de San Pedro, Vaticano

De hecho, durante un fugaz encuentro en la Plaza de San Pedro, Romero recibió una reprimenda de parte de Juan Pablo II. Le habría dicho “No me traiga esos larguísimos informes. No tengo tiempo para leer tanta cosa”. Monseñor Romero le insistió que “Miles de salvadoreños son torturados y asesinados por el poder militar”. Pero no encontró apoyo.

“No exagere, señor arzobispo. ¡Ustedes deben entenderse con el gobierno! Un buen cristiano no le crea problemas a la autoridad. La Iglesia quiere paz y armonía”, fueron las palabras con las que el papa terminó la fugaz conversación. Cuando ocurrió el asesinato en marzo de 1980, la respuesta oficial de El Vaticano fue bastante reservada debido a las tensiones previas.

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La visita de Juan Pablo II a El Salvador

El Papa Juan Pablo II, famoso por sus viajes pastorales, visitó dos veces El Salvador. La primera, el 6 de marzo de 1983, en plena guerra civil y 3 años después del asesinato del arzobispo.

El sumo pontífice expresó su deseo de visitar la cripta de catedral metropolitana donde descansan los restos de monseñor Romero. El gobierno de entonces temía que esa visita fuera manipulada por la izquierda y se resistió a incluirlo en la agenda. Juan Pablo desafío el protocolo y visitó la catedral. Y en un emotivo acto, rezó ante la tumba del obispo asesinado. Fue interpretado como un acto simbólico de reivindicación.

Papa Juan Pablo II en cripta de Monseñor Romero en marzo de 1983

Luego, durante su homilía, el Papa Juan Pablo hizo un enérgico llamado a que se respetara la memoria de monseñor Romero. Y pidió “que ningún interés ideológico instrumentalice su sacrifico de pastor”.

El proceso para canonizar a Monseñor Romero

El 12 de mayo de 1994, la Arquidiócesis de San Salvador envió al Vaticano la solicitud para comenzar con el proceso de canonización de monseñor Romero. En el año 2000, la causa se derivó a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Entonces, era encabezaba el cardenal alemán Joseph Ratzinger, un experimentado teólogo que estudió los discursos y las homilías de Romero.

Cardenal Joseph Ratzinger, teólogo, que en 2005 fue electo como el Papa Benedicto XVI

El Papa Benedicto XVI y el mártir Romero

El papa Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005. Ratzinger asumió como el Papa Benedicto XVI y el proceso de beatificación tomó un impulso el 13 de mayo del mismo año.

Inició un largo y complejo trabajo para determinar las circunstancias de la muerte de Romero. Y es que asesinato es una categoría jurídica. Significa que una persona fue privada de la vida de forma intencional e ilegal. Pero el martirio es una categoría teológica. La Iglesia lo define como morir “por odio a la fe” (odium fidei). Es decir, no basta con ser asesinado. Debe demostrarse que la muerte ocurrió por causa directa del testimonio cristiano de la persona.

Durante años se debatió si monseñor Romero murió por razones políticas o religiosas. En este caso, la Iglesia aceptó que defender la justicia desde la fe también puede ser causa de martirio. El papa alemán que había impulsado este proceso decidió renunciar al cargo el 28 de febrero de 2013, tras casi 8 años de pontificado.

El Papa Francisco y San Romero de América

El 13 de marzo de 2013 fue electo un nuevo Papa. Fue el primer latinoamericano, primer argentino y jesuita. Era el cardenal Jorge Mario Bergoglio, que adoptó el nombre de Francisco. Conocía bien el testimonio de Romero.

En 2015, el Vaticano reconoció oficialmente que Romero era un mártir. Concluyó que fue asesinado por el odio a la fe, por su fidelidad al evangelio. Su muerte no fue solo por motivos políticos, sino por rechazo a su testimonio cristiano. Se convirtió en Beato Romero.

Y finalmente, el 14 de octubre de 2018, el Papa Francisco encabezó la ceremonia de canonización de Oscar Arnulfo Romero y otros 6 santos en la plaza de San Pedro.

Elevar a los altares a San Romero de América, como lo llamó el jesuita brasileño Pedro Casaldáliga, fue muy significativo. Y es que cerró un circuló histórico, porque fue proclamado santo junto a Paulo VI, quien lo había nombrado arzobispo 41 años antes.

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