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viernes, 27 febrero, 2026
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México, un siglo de narcotráfico ¿Algún día terminará o seguirá mutando?

El narcotráfico lleva más de un siglo creciendo en México, combatirlo es muy complejo, tiene raíces profundas y sigue mutando.

El fenómeno del narcotráfico en México ha evolucionado en poco más de un siglo. Y sigue mutando. Como todo mercado, el de las drogas, se basa en la oferta y la demanda. A inicios del siglo 20, concretamente en 1914, Estados Unidos restringe la importación, fabricación y distribución de opiáceos y productos de coca. A pesar de esta prohibición, muchos estadounidenses buscaban drogas como la cocaína, la heroína y la morfina. La demanda hizo florecer el comercio ilegal de estupefacientes en el país vecino del sur.

El inicio no fue violento. El cultivo de amapola y marihuana estaba ligado a comunidades de inmigrantes chinos en el noroeste y al uso medicinal. Entonces, el objetivo era farmacéutico y agrícola. Pero al prohibirse en Estados Unidos, estas drogas pasaron de la farmacia al mercado negro. Como dato curioso, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense incentivó de manera discreta el cultivo de amapola en México para garantizar el suministro de morfina para sus soldados heridos

El narcotráfico en México, un siglo después

Benjamin Smith, profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad de Warwick, Reino Unido, relató a la cadena alemana DW que “en los años 30, México pasó a cultivar drogas, convirtiéndose en un país productor”.

Según el académico y autor del libro «La droga, La verdadera historia del narcotráfico en México», durante mucho tiempo, “el tráfico de drogas fue un negocio mayoritariamente pacífico, ejercido sobre todo por personas de orígenes humildes, muchas veces con vínculos familiares”. La marihuana era el producto estrella, especialmente durante la era hippie de los años 60. El negocio se consolidó bajo el control de familias regionales, sobre todo en Sinaloa.

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Sin embargo, en los años 70, el gobierno de México se vio obligado a responder a la presión de Estados Unidos. Empezó a combatir a los narcotraficantes con métodos cada vez más violentos. Y es que ante el cierre de las rutas del Caribe y de Florida, los cárteles colombianos de la droga empezaron a buscar en suelo mexicano las rutas para trasladar cocaína.

Nacen los cárteles mexicanos

Es a partir de 1980 que surge el concepto del “cártel” como una corporación narcotraficante. Uno de los primeros es el de Tijuana, fundado por los hermanos Arellano Félix, en Baja California. Luego, Miguel Ángel Félix Gallardo, funda el Cártel de Guadalajara, que unifica las rutas y reparte las plazas. Tras su caída en 1989, el territorio se fragmenta, en algunos casos con violencia, en las organizaciones de Sinaloa, Tijuana, Juárez, Golfo.

Los cárteles inician una mutación química de las drogas a finales de los años 90. El tráfico de metanfetaminas comienza a desplazar a la agricultura e incluso a la cocaína. Los precursores químicos llegan desde Asia a puertos como el estratégico Lázaro Cárdenas en Michoacán. El narco se transforma entonces en un importador-exportador global.

20 años de guerra contra el narco

El presidente Felipe Calderón inició su sexenio en 2006 con una guerra frontal contra los cárteles de la droga. Desde entonces, los Gobiernos movilizan al Ejército y otros cuerpos de seguridad, como la Guardia Nacional, para esta tarea. Como respuesta, los grupos criminales adoptan tácticas de contrainsurgencia y adquieren armamento militar.

En esta guerra es que deben verse las capturas del «Chapo» Guzmán, en 2018, y del «Mayo» Zambada en 2024, fundadores del Cártel de Sinaloa. Ambos fueron extraditados a Estados Unidos, lo que debilitó su organización criminal. Pero no desapareció, se dividió. Y es que la historia demuestra que en México los capos caen, pero las estructuras sobreviven.

El Mencho y su cártel global

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, sacude la cúpula del Cártel Jalisco Nueva Generación. Pero la infraestructura global del CJNG está diseñada para sobrevivir a su fundador. Según la Evaluación Nacional de Amenaza de Drogas de la DEA (2024), esta organización no opera como un feudo local, sino como una franquicia global con presencia en los 50 estados de la Unión Americana y conexiones logísticas en más de 40 países.

Además, opera en 28 de los 32 estados de México. Su modelo de negocio, que integra proveedores de precursores químicos en China y redes de lavado de dinero, ha creado una “superautopista” de drogas sintéticas que no se detendrá con la caída de un solo hombre.

La amenaza del fentanilo para Estados Unidos

El imperio que deja Oseguera Cervantes tiene una base económica letal. Datos de la DEA indican que el fentanilo, principal producto del CJNG, ha redefinido los márgenes de ganancia del narcotráfico. Fabricar un kilo de esta sustancia cuesta centavos en comparación con la heroína, pero su potencia permite dividirlo en miles de dosis mortales. Esta eficiencia económica ha impulsado una crisis de salud pública que cobró más de 107,000 vidas en Estados Unidos en un solo año, consolidando al cártel como una maquinaria financiera multimillonaria capaz de financiar guerras prolongadas.

De hecho, el líder del CJNG levantó un ejército propio. El narco entró en su fase más militarizada, con drones, vehículos blindados y control territorial. A diferencia de otros capos, su sello fue la confrontación directa con el Estado: derribo de helicópteros, narcobloqueos y ataques coordinados.

La caída de El Mencho no significa el fin del narcotráfico en México, sino una nueva reconfiguración. Y tal como ocurrió tras Félix Gallardo, Caro Quintero o El Chapo Guzmán, su ausencia abre un vacío que otros intentarán ocupar.

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