En el corazón del distrito de Metapán en Santa Ana Norte, se encuentra la iglesia de San Pedro Apóstol, un templo que guarda más que historia y fe. Bajo su piso existen catacumbas con más de 280 años de antigüedad, convirtiéndolo en lugar lleno de curiosidad y misterio.
La iglesia fue construida de 1736 a 1743 y se caracteriza por su arquitectura barroca y es considerada una de las mejores conservadas del país. Sin embargo, durante años ha despertado interés por la existencia de catacumbas subterráneas.
Son cuatro bóvedas construidas bajo el templo religioso, y se cree que fueron utilizadas cómo cámaras sepulcrales donde eran enterradas personas importantes de la comunidad o feligreses que contribuían con la parroquia.
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Según el historiador Gregorio López, en esa época los entierros se realizaban dentro de los templos. Con el paso del tiempo, las catacumbas también tuvieron otro uso. Durante una epidemia de cólera en el siglo XIX, estas cámaras fueron utilizadas como fosas comunes, por lo que posteriormente fueron selladas.
«Eran prácticas muy antiguas que se daban en iglesias o en lugares donde habían familias españolas. Se tenía que hacer la solicitud y tener la autorización del párroco. Se suponía que el muerto era una persona de buenos antecedentes, era un hijo de la iglesia y tenía derecho de ser sepultado en ese lugar», explicó López.
Las catacumbas no se encuentran abiertas al público, ya que algunos visitantes manchaban las paredes.
*Con información de Ana Quintanilla, periodista de N4V*







