La monarquía de Noruega atraviesa uno de sus momentos más delicados en años, luego de que dos escándalos de alto impacto colocaran nuevamente a la familia real en el centro de la atención internacional.
Por un lado, la princesa heredera Mette-Marit quedó envuelta en una fuerte polémica tras la difusión de documentos del caso Jeffrey Epstein. En ellos se revela que mantuvo contacto con el empresario estadounidense entre 2011 y 2014. Estos intercambios se produjeron cuando Epstein ya había sido condenado por delitos sexuales.

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Ante las críticas, la princesa reconoció públicamente que fue un error haber tenido contacto con Epstein y expresó su arrepentimiento. Además, manifestó su apoyo a las víctimas. No existen acusaciones penales en su contra. Sin embargo, el caso ha generado un intenso debate en Noruega sobre su criterio y su rol dentro de la institución monárquica.
Proceso judicial contra el hijo mayor de la princesa Mette-Marit
En paralelo, la atención también se ha centrado en su hijo mayor, Marius Borg Høiby. El pasado 1 de febrero, fue arrestado por nuevos hechos investigados por la justicia, entre ellos agresión física, amenazas con un cuchillo y el presunto incumplimiento de una orden de restricción.
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Este 3 de febrero, un tribunal de Oslo ordenó que permanezca en prisión preventiva por cuatro semanas, mientras avanza el proceso, al considerar que existe riesgo de que vuelva a cometer delitos. En su resolución, el tribunal afirmó que “es más probable que sea culpable que no culpable”.
El juicio, que inició esta semana, reúne 38 cargos en total, incluidos cuatro casos de violación, además de denuncias por violencia en relaciones cercanas, amenazas y delitos relacionados con drogas. Las acusaciones han sido presentadas por varias mujeres, en hechos ocurridos en distintos momentos.

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Aunque no forma parte oficial de la Casa Real de Noruega ni posee título, el caso ha generado un fuerte impacto mediático debido a su vínculo directo con la princesa heredera. El proceso judicial continuará durante las próximas semanas.
La coincidencia de ambos casos ha golpeado la imagen de la monarquía noruega, una institución que históricamente ha gozado de alto respaldo ciudadano. Medios internacionales señalan que la situación ha reavivado el debate sobre la responsabilidad pública de los miembros de la familia real y su futuro.








