En Irán, el líder supremo tiene la última palabra de cualquier decisión que tenga que ver con esta nación islámica. La forma de gobierno de Irán se basa en la religión. Aunque celebra elecciones, no es una democracia, sino una teocracia. El poder real no está en manos del presidente, sino en este líder, la máxima autoridad política y religiosa del país.

Este sistema nació tras la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Sha de Irán, Mohammad Reza Pahlaví. Este fue un monarca aliado de Occidente, proveniente de una dinastía que reinaba desde 1925 en el territorio de la antigua Persia.

La revuelta fue liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, quien instauró una República Islámica y fue el primer Líder Supremo, hasta su muerte en 1989. Luego, asumió el cargo Alí Jamenei. Entonces, en 47 años, solo dos líderes religiosos han ostentado el alto cargo. Genéricamente, se le llama “régimen de los ayatolás”.

¿Qué implica ser líder supremo de Irán?
De acuerdo con la Constitución iraní, el líder supremo tiene la autoridad para declarar la guerra y la paz. Controla las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial, los medios estatales y las decisiones estratégicas. Está por encima de cualquier institución electa. En pocas palabras tiene la última palabra en el cualquier tema.
Todo ese poder concentra Jamenei, de 87 años, cuya salud ha sido foco de interés en los últimos tiempos, pero que el régimen islámico cuida como secreto de estado.
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Teocracia por encima de la democracia
Irán es una teocracia, donde la religión es el eje del poder. Se rige por el principio que un hombre que ha recibido las órdenes sagradas debe dirigir el Estado para garantizar que las leyes se ajusten a la voluntad de Dios.

Aunque existe un presidente elegido por voto popular, sus decisiones están subordinadas al Líder Supremo y pueden ser vetadas. Además, cuenta con un organismo clave, el Consejo de Guardianes, que controla quién puede competir en elecciones y qué leyes son válidas.
El régimen se ha mantenido apoyado en tres pilares: la religión como legitimación del poder, un fuerte aparato de seguridad, incluida la Guardia Revolucionaria, y un discurso permanente de amenaza externa, especialmente contra Estados Unidos e Israel.
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