El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el jueves una orden ejecutiva en la que declara una emergencia nacional respecto a Cuba y anuncia que impondrá aranceles a los países que suministren petróleo a la isla caribeña. La medida forma parte de un paquete de presión económica contra el Gobierno cubano, al que la administración estadounidense acusa de representar una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Washington.
Según el texto de la orden, la administración Trump considera que las «políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba están diseñadas para perjudicar a Estados Unidos y apoyar a países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes adversarios». En el documento se menciona a gobiernos como los de Rusia, China e Irán, así como a organizaciones como Hamás y Hezbolá, que, según EE. UU., reciben apoyo de La Habana.
La orden estipula que se podrá imponer un arancel adicional «ad valorem» a las importaciones procedentes de países que vendan o suministren, directa o indirectamente, cualquier tipo de petróleo a Cuba. Esto con el objetivo de limitar la llegada de hidrocarburos a la isla.
La Casa Blanca justificó la emergencia nacional señalando que la situación con respecto a Cuba constituye una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad estadounidense y la estabilidad regional. Además, el comunicado oficial acusa al régimen cubano de violar derechos humanos, perseguir y torturar a opositores políticos y restringir libertades fundamentales.
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Cuba rechaza las medidas
La reacción del Gobierno cubano no se hizo esperar. El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, calificó las medidas como una «nueva escalada de Estados Unidos contra Cuba». Afirmó que la decisión se basa en «una larga lista de mentiras» destinadas a presentar a la isla como una amenaza inexistente. Rodríguez afirmó que el Gobierno rechaza enfáticamente estas acciones y las considera un acto de agresión contra el pueblo cubano.
Por su parte, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, afirmó que Trump busca «asfixiar» la economía de la isla mediante la posible imposición de aranceles a los países que suministren petróleo. El mandatario sostuvo que esta estrategia pretende incrementar las dificultades energéticas de Cuba en un contexto de crisis, con el objetivo de debilitar al Gobierno cubano.
La medida se produce en un momento de tensiones crecientes entre Washington y La Habana, en el marco de un historial de sanciones y desacuerdos que se remontan a décadas.








