La misión Artemis II de la NASA entra en su fase final con el amerizaje de la cápsula Orión en el océano Pacífico, tras un histórico viaje de 10 días alrededor de la Luna. La tripulación, compuesta por cuatro astronautas, regresa a la Tierra luego de haber alcanzado distancias récord y vivir en condiciones de microgravedad, lo que implica efectos en el cuerpo humano.
Uno de los cambios más inmediatos tras el regreso será la alteración del equilibrio. En el espacio, el sistema vestibular encargado de la orientación se adapta a la ausencia de gravedad, por lo que al volver a la Tierra los astronautas pueden experimentar mareos y desorientación, según informó la NASA. Este fenómeno es común en misiones espaciales y requiere un proceso de readaptación supervisado por especialistas médicos.
El sistema cardiovascular también sufre modificaciones. En microgravedad, los fluidos corporales se redistribuyen hacia la parte superior del cuerpo, lo que reduce el volumen sanguíneo efectivo. Como medida preventiva, los astronautas deben ingerir soluciones con sal antes del aterrizaje para ayudar a restablecer el equilibrio de líquidos y evitar problemas como la hipotensión al ponerse de pie nuevamente en la Tierra.
Otro de los efectos más estudiados es la pérdida de masa muscular y densidad ósea. Durante el tiempo en el espacio, los astronautas siguen estrictas rutinas de ejercicio para contrarrestar estos efectos, pero aun así se registran disminuciones debido a la falta de resistencia gravitacional. Estos cambios pueden afectar la movilidad inicial tras el aterrizaje.
Además de los efectos físicos, el regreso implica un entorno extremo durante la reentrada. La cápsula atraviesa la atmósfera a más de 40,000 kilómetros por hora, generando temperaturas superiores a los 2,500 grados Celsius. Esta fase crítica también somete al cuerpo a fuerzas gravitacionales intensas.
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Otros datos curiosos sobre Artemis II
Tras el amerizaje, los astronautas no regresarán de inmediato a sus hogares. Equipos médicos especializados los trasladarán a un buque de recuperación, donde comienzan evaluaciones exhaustivas para monitorear su estado físico y garantizar una recuperación segura. Este protocolo es clave para estudiar cómo el cuerpo humano responde a los viajes en el espacio profundo.
Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, tendrán que recolectar y almacenar su saliva. Luego se pondrán monitores de muñeca que rastrean el movimiento y el sueño, lo que permitirá ofrecer datos esenciales para el Programa de Investigación sobre Seres Humanos de la NASA.
Como parte de las actividades previstas tras el regreso, los astronautas deberán abandonar la cápsula y ejecutar ejercicios que simulan desplazamientos sobre la superficie lunar, utilizando trajes espaciales presurizados. Estas pruebas buscan evaluar con qué rapidez el cuerpo recupera el equilibrio después de haber estado expuesto a la microgravedad durante la misión.
Asimismo, la tripulación participará en estudios médicos relacionados con la salud humana en el espacio. La recolección de datos comenzará aproximadamente seis meses antes del despegue y continuará durante cerca de un mes después del retorno a la Tierra, con el objetivo de analizar de forma integral los efectos del viaje espacial en el organismo.
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