Este viernes 10 de abril, la cápsula Orión de la misión Artemis II completará su descenso desde el espacio con un amerizaje programado frente a las costas de San Diego, California. El proceso no es un aterrizaje convencional: es una secuencia de cinco fases técnicas que deben ejecutarse en orden preciso, sin margen de error, en menos de una hora.
Todo comienza 42 minutos antes del impacto con el agua. La nave Orión no viaja como una sola pieza — está compuesta por el Módulo de Tripulación, donde se encuentran los cuatro astronautas, y el Módulo de Servicio, que contiene los motores, el oxígeno y la energía solar. Ese módulo se separa de la cápsula antes de la reentrada, entra a la atmósfera de forma no controlada y se desintegra. Solo el módulo habitado desciende con escudo térmico.

Imagen de carácter ilustrativo y no comercial. / Generada con IA
La fase más extrema dura ocho minutos. Al entrar a la atmósfera a 40,000 kilómetros por hora, el aire comprimido frente a la cápsula se convierte en plasma la cuarta fase de la materia alcanzando temperaturas superiores a los 2,700 grados Celsius. Durante ese tiempo, la envoltura de plasma bloquea físicamente todas las comunicaciones con Houston. No es un fallo técnico: es una consecuencia inevitable de la física. El Centro de Control solo puede confirmar que la misión fue exitosa cuando la señal de radio reaparece en sus pantallas.

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Superada la reentrada, un sistema de 11 paracaídas se despliega en cuatro etapas escalonadas — dos morteros piloto, dos drogues estabilizadores y tres paracaídas principales del tamaño de una casa — que desaceleran la cápsula de 40,000 a 32 kilómetros por hora antes del contacto con el agua.

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El rescate en mar abierto: buzos, helicópteros y protocolo médico inmediato.
Una vez en el agua, equipos de buzos de la Marina de Estados Unidos a bordo del USS John P. Murtha se aproximan a la cápsula para verificar que no haya escapes de combustible ni daños estructurales. Solo entonces instalarán una plataforma inflable sobre la escotilla llamada «porche delantero» que permite la salida segura de los astronautas.

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Tras 10 días en microgravedad, ninguno puede caminar con normalidad: el corazón se adapta a trabajar sin gravedad, los músculos pierden masa y el sistema de equilibrio se desoriente. Un médico entra primero a la cápsula para evaluar a cada tripulante antes de su extracción. Posteriormente son trasladados en helicóptero al buque, y de ahí al Centro Espacial Johnson en Houston, donde iniciarán semanas de rehabilitación física y análisis científicos que la NASA utilizará para diseñar las próximas misiones del programa Artemis.

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