Este 13 de marzo se celebra el Día Mundial del Sueño, cuyo lema es: «Dormir bien, vivir mejor». Y es que, sin duda: dormir bien no es un lujo, se trata de una verdadera necesidad biológica que tiene un impacto directo en el cerebro, en el corazón, en nuestro peso y estado de ánimo.
El sueño no es más que una actividad humana esencial, vital, por lo que si es de mala calidad o no es suficiente, se pone en riesgo tanto la salud mental como la física… trayendo consigo repercusiones sociales.
«Todos nosotros tenemos que tener 6 horas por noche como mínimo permitido y lo ideal, son de 7 a 8 horas por noche de un sueño que sea reparador, con la sensación que no solamente dormí, sino que descansé», dijo la doctora Elena Majano Muñoz, neuróloga internista y especialista en medicina del sueño, en Frente a Frente, de TCS.
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Y es que expertos en la materia han concluido que la calidad de vida del ser humano, mejoraría notablemente si se dedicara el tiempo suficiente, a tener un sueño de calidad.
Por lo tanto, no dormir lo suficiente y por ende no descansar bien, conlleva a sufrir algunos trastornos del sueño, como por ejemplo: apnea del sueño, insomnio, narcolpepsia y/o síndrome de las piernas inquietas o enfermedad de Willis-Ekbom.
Apnea del sueño
Además, la apnea obstructiva del sueño puede llevar a que una persona tenga deterioros significativos de la memoria, incluyendo alteraciones de la memoria de trabajo de origen visual y verbal.
Según la Sociedad Mundial del Sueño, en el planeta, más de 900 millones de personas podrían padecer apnea obstructiva del sueño; además, calculan que hasta el 80 % de los casos permanece sin diagnóstico.
Por esos motivos es que los expertos definen algunos factores de riesgo que debemos tomar en cuenta, para que no afecten la buena calidad e higiene del sueño:
- Estrés laboral
- Preocupaciones constantes
- Uso excesivo de celulares, tablets o computadoras
- Horarios de sueño irregulares
- Mala alimentación
- Falta de ejercicio
- Enfermedades o problemas de salud
Dormir bien, un premio al cuerpo
En ese sentido, es importante que se tenga en cuenta que la luz azul que emiten las pantallas interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño. Esto dificulta conciliar el descanso y altera el reloj biológico.
Por ello es que los profesionales de la material recomiendan reducir el uso de pantallas (computadoras, laptops, teléfonos) una o dos horas antes de dormir, mantener horarios de sueño constantes (incluso en fines de semana), practicar técnicas de relajación (respiración, meditación); así como evitar el alcohol, la cafeína y comidas pesadas por la noche.
Video/TCS.
«Al entrar a nuestra habitación, debemos entrar relajados. Si no me siento lo suficientemente relajado y estoy conectado, prendido a algo laboral… a una noticia que acabo de ver, regreso a la la sala y hasta que me siento relajado, entro a la cama», dijo Majano, quien es la delegada oficial de la Sociedad Mundial del Sueño en El Salvador, desde 2012.
Por ello es que la experta subrayó que debemos cuidar nuestro entorno, cuidar nuestro espacio, a priorizar el sueño como una decisión consciente y personal de cada noche.
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