Un accidente de tránsito puede dejar consecuencias que van más allá de las lesiones físicas. El miedo, la ansiedad y los recuerdos involuntarios pueden afectar la vida cotidiana durante meses o incluso años.
Las pesadillas frecuentes, el temor a conducir, evitar el lugar del percance, sobresaltarse fácilmente y permanecer en alerta constante son señales que requieren atención. También pueden aparecer ataques de ansiedad que dificultan retomar las actividades habituales.
La psicóloga Silvia Cienfuegos explicó que cada persona afronta estas experiencias de manera diferente. Sin embargo, el acompañamiento de la familia, los seres queridos y los profesionales resulta fundamental durante la recuperación.
«Cuando hablamos de un accidente de tránsito, no todas las personas lo van a vivir igual, pero siempre hay secuelas que no solamente son físicas, sino que también emocionales. Aquí juega un papel muy importante la familia, los seres queridos, el apoyo médico, pero también ese apoyo psicológico. Las secuelas, no todos las van a vivir de forma igual, pero en el tiempo nos pueden afectar en nuestra vida cotidiana y eso es lo más importante que tenemos que tomar en cuenta para buscar ese apoyo psicológico», detalló Cienfuegos.
El accidente también requiere atención psicológica
El miedo a volver a manejar y los sentimientos de culpa pueden surgir días después del percance. El psicólogo Alonso Navarrete advirtió que estas reacciones pueden acompañarse de ansiedad y depresión.
«Hay personas que quedan traumadas. Tienen el accidente y después de unos días empiezan a recordar y empiezan a decir: Yo tuve la culpa, ya no quiero manejar, ya no quiero andar en carro. Se sienten ansiosos y depresivos, eso les comienza a afectar. Entonces, como psicólogos, nosotros intentamos aplicar la técnica de terapia cognitiva conductual, la cual evalúa la parte emocional y conductual, y así es como vamos asesorando a la persona. Vamos ayudándoles a que ellos vayan tomando conciencia y vayan reconociendo lo que ha sucedido», manifestó Navarrete.
La terapia cognitivo-conductual es una de las herramientas que los profesionales pueden utilizar para ayudar a procesar lo ocurrido y afrontar las emociones asociadas al accidente. Además, el apoyo de familiares y amigos es importante, pero no sustituye la atención psicológica cuando la persona la necesita.
Cienfuegos destacó que el acompañamiento debe respetar el ritmo de cada paciente, sin presionarlo para que retome inmediatamente su rutina. «El terapeuta se va a enfocar mucho en cuanto a la evitación, que pueda, a la vez, hablar de cómo se siente, entender sus propias emociones sobre lo que pasó, entender por qué se siente así, buscar herramientas que gradualmente lo puedan introducir nuevamente a esa normalidad. Lo primero es no juzgar, no impulsar a la persona a que ella tenga que estar en su normalidad completa, porque va a necesitar hablarlo, como desahogarse, y evitar frases como: hay personas a las que les ocurrió peor», destacó.
Por tanto, ante las secuelas emocionales de un accidente, buscar ayuda profesional es importante. La recuperación también implica cuidar la salud mental, que puede necesitar más tiempo para sanar que las heridas físicas.
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