El 10 de octubre de 1986, San Salvador vivió uno de los terremotos más devastadores de su historia. A las 11:49 de la mañana, un potente sismo sacudió la capital durante unos 10 segundos y convirtió en escombros algunos de los edificios más reconocidos de la ciudad.
Era viernes y la capital mantenía su actividad habitual. Miles de personas se encontraban en sus lugares de trabajo, mientras los estudiantes se preparaban para salir de las escuelas. En cuestión de segundos, esa rutina se vio interrumpida.
El potente sismo que sacudió San Salvador
El movimiento de tierra fue horizontal, tuvo su origen en las fallas ubicadas entre los municipios de San Marcos y Santo Tomás y alcanzó una magnitud de 5.7. Aunque el sismo fue relativamente breve, sus efectos fueron devastadores, particularmente en San Salvador.
Entre las estructuras afectadas estuvieron el edificio Rubén Darío, donde se registró una de las mayores concentraciones de víctimas, el edificio Dueñas, el Gran Hotel San Salvador, el Hospital Bloom, la escuela Santa Catalina y la Corte de Cuentas, entre otras.

También sufrió daños el Monumento al Divino Salvador del Mundo. La imagen se cayó de su enorme pedestal. Fue una de las escenas más recordadas de aquel fatídico terremoto del 10 de octubre. El monumento fue restaurado el 6 de octubre de 1988.

La escuela Santa Catalina del barrio San Jacinto fue un escenario de horror. Allí murieron 41 niñas y un niño. En el edificio de la Corte de Cuentas, cerca del parque Infantil, uno de los relojes exteriores quedó detenido en la hora del terremoto, una imagen que con el paso de los años se convirtió en parte de la memoria visual de la tragedia.
El centro de San Salvador quedó cubierto de polvo y escombros. Las calles se transformaron en puntos de búsqueda y rescate, mientras familiares, trabajadores, médicos, comerciantes, taxistas y ciudadanos se organizaban para localizar sobrevivientes y trasladar a los heridos.
Cifras oficiales del terremoto del 10 de octubre
El Gobierno de El Salvador, encabezado entonces por el presidente José Napoleón Duarte, del Partido Demócrata Cristiano, PDC, declaró el estado de calamidad pública y un estado de sitio, que luego fue prorrogado durante 30 días.
Los datos oficiales dimensionaron la magnitud de la emergencia: 1,530 personas murieron, más de 10 mil resultaron heridas y alrededor de 200 mil quedaron damnificadas. Y al menos 3,183 edificaciones presentaron distintos niveles de daño. Las pérdidas económicas fueron estimadas en el equivalente a $1,031 millones de dólares.
La emergencia no terminó con el movimiento principal. Cerca de las 2:04 de la tarde se registró una fuerte réplica de magnitud 4.5 grados, mientras continuaban las labores de rescate y aumentaba la incertidumbre entre la población.
En los cuatro días posteriores al terremoto se registraron 873 réplicas de entre 2 y 4 grados. La actividad sísmica continuó durante semanas. Entre el 10 de octubre y el 26 de noviembre de 1986, los sismógrafos nacionales contabilizaron otros 2,508 sismos, la mayoría imperceptibles para la población.
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Rescates entre el miedo y la incertidumbre
En medio de la tragedia también apareció una respuesta colectiva. Las personas utilizaron palas, picos y hasta sus propias manos para retirar los escombros. Los equipos de emergencia trabajaron junto con ciudadanos que buscaban sobrevivientes, trasladaban heridos o intentaban encontrar a familiares.
Horas después comenzó a llegar apoyo internacional. Cerca de las 6 de la tarde, elementos del cuerpo de bomberos de Chiquimula, Guatemala, se convirtieron en uno de los primeros grupos especializados en llegar al país para colaborar con las labores de auxilio. La comunidad internacional también destinó el equivalente a $12.5 millones de dólares en ayuda y envió personal especializado.
Una herida que permanece 40 años después
Cuarenta años después, el terremoto del 10 de octubre de 1986 permanece en la memoria de El Salvador no solo por los edificios que colapsaron o las cifras que dejó la tragedia. También por las historias de quienes sobrevivieron, las familias que perdieron a sus seres queridos y la respuesta de una ciudad que comenzó a levantarse entre los escombros.
A las 11:49 de aquella mañana, San Salvador cambió para siempre.
Con información de Irvin Alvarado y Andrés Cortez, periodistas de TCS Noticias
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