El Río Grande de San Miguel muestra la magnitud de la contaminación. Cerca de cinco kilómetros del cauce están cubiertos por botellas, bolsas plásticas, recipientes, ramas y troncos.
“Todo eso que están viendo son acumulaciones de basura cuando hay tormenta fuerte del lado de Morazán, San Miguel, todo eso aquí viene a dar. Tal vez aquí no ha llovido, pero como las tormentas de ahí han sido fuertes, entonces ahí viene a parar toda la basura», explicó Francisco Zelaya, habitante del caserío Casa Mota.
Las familias viven las consecuencias. Azucena Castillo relató que los desechos llegan con el aumento del nivel del agua y permanecen cuando el caudal disminuye.
“Toda la basura viene con ella e incluso cuando sube el agua. Cuando el agua va bajando, deja sucio y apesta. Entonces también los sanitarios rebasan por la misma situación del agua que sube”, manifestó Castillo.
Video/TCS/Reportaje elaborado por Lissette Santamaría.
Río Grande cambió su recorrido
El problema también está relacionado con las modificaciones que experimentó el cauce. En 2004, el Río Grande de San Miguel mantenía su recorrido natural. Seis años después, la acumulación de sedimentos modificó el curso del agua. El antiguo cauce, conocido como río Viejo, permanece seco. El agua circula por un brazo llamado río Nuevo.
Para conocer la ruta de los desechos, el equipo de El Noticiero realizó un trayecto de casi siete kilómetros. El recorrido tomó una hora y media entre veredas y terrenos.
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“Nosotros quisiéramos que las autoridades tomaran cartas en el asunto, porque esto afecta a nuestra comunidad y a la naturaleza, como los peces”, destacó Zelaya.
Además, las familias enfrentan la presencia de cocodrilos cerca de las zonas de paso, que también afectan a los niños. Enfrentan condiciones que favorecen la proliferación del mosquito transmisor del dengue.






