En pleno corazón de San Salvador, entre el bullicio de la ciudad y el tránsito constante, se levanta el Redondel Árbol de la Paz, un espacio que conecta la avenida Las Amapolas, el bulevar Los Próceres y la carretera hacia el Aeropuerto Internacional de El Salvador.
Firme en medio de la glorieta, hay una ceiba que se resiste al paso del tiempo, como testigo silencioso de la historia. El Árbol de la Paz, símbolo nacional desde enero de 1992, evoca el fin de 12 años de guerra y el comienzo de un nuevo capítulo para El Salvador.
Para miles de conductores y peatones, parece solo un punto de referencia, pero en realidad es un espacio cargado de historia y significado.
Video / TCS. / Reportaje elaborado por: Ana Quintanilla.
«Es uno de los monumentos vivos en nuestro país, no hay muchos a lo largo del territorio nacional, pero este en concreto fue por decreto legislativo, nombrado monumento del país que simboliza el final de un conflicto armado y el inicio de una nueva vida para el país. El árbol significa entonces ese florecer, ese crecimiento, ese nuevo momento que estaba apareciendo en el país», explicó el historiador Alfredo Rodríguez.
La ceiba que une memoria, historia y reconciliación
La ceiba, árbol sagrado para la cultura maya, simboliza la vida, la abundancia, la unión y las raíces de la civilización mesoamericana. Se dice que sus ramas conectan el pasado, el presente y el futuro de un país en búsqueda de reconciliación.
«Lo que se intentaba con ello era mantener en la memoria de las personas el recuerdo de los Acuerdos como algo muy importante para la vida política y social del país. En realidad, en esos años hay una serie de iniciativas de ese tipo a nivel de ciudades», dijo el historiador Gregorio López.
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Árbol de la Paz: esperanza y memoria en medio de la ciudad
A lo largo de los años, el redondel se ha transformado en un símbolo de memoria nacional y de la transición histórica del país, frente al cual pasan miles de personas cada día.
«Hace unos 30 años no existía el redondel, si no que lo que existía eran básicamente cuatro calles. A veces la gente no se da cuenta, pero el redondel que es todo un jardín y el árbol representa justamente eso, un símbolo vivo de esperanza y de crecimiento», agregó Rodríguez.
Entre el caos del tráfico y el ritmo apresurado de la ciudad, el Árbol de la Paz se mantiene firme, recordándonos que incluso después de los tiempos más oscuros, siempre es posible florecer de nuevo.








